A 3 semanas de casarse, volvió temprano a casa con flores para sorprender a su prometida. Pero antes de entrar en la cocina la vio derramar vino a propósito sobre el suelo que la empleada acababa de limpiar. “Límpialo otra vez”, ordenó ella. Él retrocedió sin hacer ruido y ocultó que lo había visto. Lo que descubrió durante los días siguientes fue mucho peor.

Alejandro sintió un nudo en el estómago.

—¿También contigo?

—Conmigo no se atreve demasiado. Pero conmigo cerca sí lo ha hecho con Marisol.

Elvira dejó su tejido sobre las piernas.

—Una vez le pidió que comprara flores blancas para el comedor. Cuando llegaron, Valeria dijo delante de unas amigas que había pedido rosas. Marisol se disculpó aunque yo misma escuché la orden.

Alejandro permaneció en silencio.

—Otro día le pidió cambiar unas cortinas. Cuando regresaste, Valeria comentó que Marisol había movido cosas sin permiso. Y cuando vienen invitados, la abraza, le dice “preciosa” y habla de ella como si fuera parte de la familia. Apenas se van, cambia completamente.

—¿Por qué nunca me dijiste nada?

Elvira lo miró con tristeza.

—Porque durante mucho tiempo tampoco parecías dispuesto a mirar.

Aquello dolió porque era verdad.

Alejandro comenzó a preguntar.

No reunió al personal en una misma habitación. Habló con cada persona por separado.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *