Valeria soltó una pequeña risa.
—No inventes cosas, Marisol. Hazlo otra vez.
Alejandro observó.
No dijo nada.
Dos días después, su padre, Ricardo, comentó durante el desayuno:
—Valeria dice que Marisol anda muy distraída. Quizá deberían buscar a alguien más antes de la boda.
Alejandro levantó la mirada.
—¿Marisol?
—Sí. Parece que comete muchos errores.
Aquello no coincidía con lo que él veía.
Y entonces comprendió algo que le heló la sangre:
Valeria no solo estaba tratando mal a Marisol.
Estaba construyendo lentamente una versión de los hechos para que, cuando quisiera echarla, todos creyeran que la culpable era ella.
Parte 2
Alejandro decidió no confrontar todavía a Valeria.
Quería estar seguro.
Primero habló con doña Elvira.
—Abuela, quiero que Marisol se dedique principalmente a cuidarte.
Elvira se quitó los lentes.
—¿Finalmente abriste los ojos?
Alejandro se quedó serio.
—¿Qué quieres decir?
La anciana suspiró.
—Nada que no debieras descubrir tú mismo.
Ese mismo día, Alejandro contrató a una persona adicional para la limpieza pesada y reorganizó las tareas de la casa.
Marisol quedaría a cargo de Elvira, con horario fijo y tiempo suficiente para asistir a sus clases.
Cuando Valeria se enteró, su reacción fue inmediata.
—¿Por qué cambiaste las funciones de Marisol sin preguntarme?
—Porque mi abuela necesita atención.
—Yo contaba con ella para los preparativos.
—Hay más personal.
Valeria clavó la mirada en él.
—Estás cambiando demasiadas cosas últimamente.
—Quizá algunas necesitaban cambiar.
Valeria no respondió.
Faltaban 10 días para la boda.
Y desde ese momento comenzó a preparar algo más serio.
Una tarde entregó a Marisol el plano del salón donde sería la recepción.
Habló rápido, cambió varias veces de instrucciones y mezcló la ubicación de las mesas.