Adrián se acercó y vio algo que le dejó sin aire: Mateo sonreía mientras dormía.
Se arrodilló junto al sofá.
En ese instante, Lucía abrió los ojos. Al reconocerlo, se incorporó sobresaltada.
—Señor Vega, perdón. Mateo llevaba casi 2 horas inquieto. Cuando por fin se durmió no quiso soltarme. Sé que esto puede parecer poco profesional. Si quiere, mañana mismo…
Adrián levantó una mano.
Pero antes de responder, una voz dura sonó desde la entrada.
—Pues sí que parece poco profesional.
Su madre, Teresa, acababa de entrar con su propia llave y miraba a Lucía como si hubiera sorprendido algo imperdonable.
Y lo primero que dijo fue:
—Esa chica sale de esta casa esta misma noche.