En el camino compré tacos árabes del restaurante favorito de Laura y un pastelito de pistache que siempre decía que no quería antes de terminar comiéndose la mitad.
Llegué a casa poco después de las seis.
Laura estaba en el comedor.
—Llegaste temprano.
—Sí.
Miró las bolsas.
—¿Pasó algo?
Me senté.
—Van a cerrar Nexora Querétaro.
Frunció el ceño.
—¿Cerrar?
—Toda la oficina.
—¿Y tú?
—Mi puesto desaparece también.
Laura permaneció inmóvil.
—¿Te corrieron?
—No exactamente.
—Daniel, ¿mañana tienes trabajo?
—No.
Entonces sí.
—No tengo trabajo.
Vi cómo cambiaba su expresión.
Extendí la mano.
—Tenemos margen.
Ella no tomó mi mano.
Fue un movimiento mínimo.
Pero lo noté.
—¿Cuánto margen?
—Tenemos ahorros para varios meses.
—¿Cuántos?
—Depende de cuánto reduzcamos gastos.
Se levantó.
—¿Y la hipoteca?
—Está cubierta.
—¿Durante cuánto tiempo?
—Laura…
—Pregunto en serio.