Pagué el taxi de una joven embarazada a la que varios conductores habían rechazado por ser pobre. “Es para visitar a mi mamá, se lo devolveré”, me prometió llorando. Le dije que no hacía falta y regresé a casa con mi perro. Pero al día siguiente la encontré limpiando la tumba de la única mujer que había amado… y cuando me dijo su edad, recordé la última mentira de mi padre.

Y cuando Andrés vio el contenido, comprendió que la desaparición de Elena no había sido solamente una separación cruel.

Había sido un engaño cuidadosamente organizado por las dos personas en quienes más confiaba.

PARTE 3

Dentro del sobre había tres cartas, una fotografía de un recién nacido y una hoja firmada por Arturo Mendoza.

Andrés reconoció la firma de su padre inmediatamente.

Pero lo que estaba escrito debajo le provocó una sensación que jamás había experimentado, ni siquiera durante las operaciones más difíciles de su carrera.

«Me comprometo a cubrir los gastos de alojamiento de Elena Castillo durante seis meses, con la condición de que no vuelva a buscar a mi hijo Andrés Mendoza ni se comunique con él por ningún medio».

Andrés leyó aquellas palabras tres veces.

—¿Mi padre hizo que Elena firmara esto?

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