Intentó quitarle las tijeras.
La niña comenzó a gritar.
Después lanzó un vaso contra una pared.
Patricia llamó a Alejandro.
—Necesitamos hablar.
Él llegó cuarenta minutos después.
—¿Qué ocurrió?
Patricia explicó.
Alejandro miró el cristal roto.
—¿No pudo controlarla?
Patricia quedó sorprendida.
—Su hija no necesita que la “controle”.
—¿Entonces para qué está usted aquí?
Ella lo observó durante varios segundos.
—Señor Ferrer, creo que Valentina intenta decir algo.
—No habla.
—Precisamente.
—No le pago para hacer diagnósticos.
Patricia tomó su bolso.
—Entonces quizá debería escuchar a las personas que sí están intentando comprenderla.
Aquello fue suficiente.
Alejandro la despidió.
Lo que no sabía era que Esteban había escuchado parte de la discusión.
Esteban Ruiz tenía cincuenta y nueve años.
Llevaba once trabajando en la propiedad.
Oficialmente era encargado de mantenimiento.
Arreglaba puertas.
Bombillas.
Sistemas de riego.
Muebles.