El millonario despidió a 37 niñeras… hasta que un empleado hizo lo imposible

Cómo se enfadaba cuando Alejandro trabajaba durante vacaciones.

Valentina contó cosas que él no sabía.

Sofía le había prometido la casita.

Le había dicho que plantarían lavanda alrededor.

Alejandro lloró.

Su hija lo vio.

—¿Estás enfermo?

Él se rio.

—No.

—Nunca lloras.

—Eso también estaba mal.

A la mañana siguiente llamó a Esteban.

—Necesito que vuelva.

—No.

Alejandro no esperaba esa respuesta.

—Le pagaré más.

—No es dinero.

—Entonces ¿qué quiere?

—Que no vuelva a despedir a alguien delante de su hija porque usted está enfadado consigo mismo.

La frase dolió.

—Tiene razón.

Hubo silencio.

—Repítalo.

—No abuse.

Esteban comenzó a reír.

Finalmente volvió.

Pero puso una condición.

La casita se terminaría.

Alejandro aceptó.

También llamó a Patricia.

No para volver a contratarla.

Para disculparse.

—Usted tenía razón.

Ella respondió:

—Eso debe haberle dolido.

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