El millonario despidió a 37 niñeras… hasta que un empleado hizo lo imposible

Un gerente cometía errores.

Lo reemplazaba.

La vida empresarial había enseñado a Alejandro que casi cualquier problema podía solucionarse encontrando a la persona adecuada.

Por eso llegó a la niñera treinta y siete.

Se llamaba Patricia.

Tenía experiencia.

Referencias excelentes.

Había trabajado con niños durante quince años.

Duró veintitrés días.

La última mañana encontró a Valentina cortando fotografías antiguas de revistas.

Intentó quitarle las tijeras.

La niña comenzó a gritar.

Después lanzó un vaso contra una pared.

Patricia llamó a Alejandro.

—Necesitamos hablar.

Él llegó cuarenta minutos después.

—¿Qué ocurrió?

Patricia explicó.

Alejandro miró el cristal roto.

—¿No pudo controlarla?

Patricia quedó sorprendida.

—Su hija no necesita que la “controle”.

—¿Entonces para qué está usted aquí?

Ella lo observó durante varios segundos.

—Señor Ferrer, creo que Valentina intenta decir algo.

—No habla.

—Precisamente.

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