—No le pago para hacer diagnósticos.
Patricia tomó su bolso.
—Entonces quizá debería escuchar a las personas que sí están intentando comprenderla.
Aquello fue suficiente.
Alejandro la despidió.
Lo que no sabía era que Esteban había escuchado parte de la discusión.
Esteban Ruiz tenía cincuenta y nueve años.
Llevaba once trabajando en la propiedad.
Oficialmente era encargado de mantenimiento.
Arreglaba puertas.
Bombillas.
Sistemas de riego.
Muebles.
Todo aquello que dejaba de funcionar terminaba frente a él.
Era uno de los pocos trabajadores que había conocido bien a Sofía.
Ella hablaba con todo el personal.
Sabía los nombres de sus hijos.
Recordaba cumpleaños.
Cuando Esteban perdió a su esposa, Sofía fue personalmente al funeral.
Después de la muerte de ella, él había observado cómo la mansión cambiaba.
Ya nadie ponía música en la cocina.