Daniel se apoyó tranquilamente en la mesa.
—Lucía y yo hemos estado trabajando en un proyecto inmobiliario. Necesitábamos financiación y utilizamos las garantías familiares disponibles.
—Mi empresa nunca autorizó ningún aval.
—Pues el banco tiene otra información.
Mercedes se cruzó de brazos.
—Elena, no conviene discutir entre familiares. Lo mejor sería que nos ayudases a resolver unas pequeñas dificultades económicas.
De pronto lo comprendí.
No solo habían convertido a mi hija en una sirvienta dentro de su propia casa.
También pretendían utilizarla para poner las manos sobre mi patrimonio.
—¿Y cuánto dinero quieres? —pregunté.
Daniel sonrió, creyendo que había ganado.
—Dos millones para empezar. Eso nos permitirá cancelar ciertas obligaciones y evitar un procedimiento judicial.
—¿Y si me niego?
Su expresión cambió.
—Sería una lástima que tu empresa sufriera las consecuencias.
Miré a Lucía.