Me agaché frente a ella.
—¿A quién estás espiando?
Sofía miró hacia la puerta, después al techo, como si alguien pudiera escucharnos.
—A tu novia.
Sentí que algo se endurecía dentro de mí.
—¿A Isabel?
—La bonita que usa labial rojo.
Intenté sonreír.
—Isabel te trae chocolates.
—No me los como.
—¿Por qué?
—Mi mamá dice que no debo aceptar cosas de personas en las que no confío.
Aquella respuesta, dicha con absoluta naturalidad, me quitó las ganas de sonreír.
—¿Qué viste?
Sofía señaló el inodoro.
Me explicó que durante varios días había visto a Isabel entrar en mi baño cuando yo no estaba. Siempre llevaba un sobre delgado. Blanco algunas veces, café otras. Entraba con él y salía sin él.
—¿Dónde lo pone?