—¿Por qué?
—Mi mamá dice que no debo aceptar cosas de personas en las que no confío.
Aquella respuesta, dicha con absoluta naturalidad, me quitó las ganas de sonreír.
—¿Qué viste?
Sofía señaló el inodoro.
Me explicó que durante varios días había visto a Isabel entrar en mi baño cuando yo no estaba. Siempre llevaba un sobre delgado. Blanco algunas veces, café otras. Entraba con él y salía sin él.
—¿Dónde lo pone?
Sofía levantó la lupa y señaló la parte trasera del depósito.
—Ahí.
No hice preguntas delante de ella.
La tomé de la mano y la llevé con Elena. Su madre casi dejó caer una olla cuando nos vio entrar a la cocina.
—Señor Adrián, perdóneme. Juraría que estaba dormida.
—No pasa nada. Solo asegúrate de que mañana se quede contigo.