«¡Estoy espiando a un hombre malo!», me susurró la hija de 5 años de mi empleada desde detrás del inodoro. Señaló un sobre escondido y añadió: «Siempre viene cuando tú no estás». No dije nada; revisé las cámaras. A las 6:01 apareció un hombre con un enorme reloj plateado. Cuando reconocí quién era, entendí que llevaba 23 años confiando en la persona equivocada.

Parte 1

—Shhh, tío Adrián. Estoy espiando a una persona mala.

La voz salió de detrás del inodoro de mi baño privado justo cuando entré a casa, poco después de medianoche. Me quedé inmóvil con una mano sobre la puerta.

Había pasado toda la noche resolviendo un problema con una familia rival y solo quería una ducha, silencio y dormir unas horas. Lo último que esperaba encontrar en el baño principal de mi casa en Lomas de Chapultepec era a una niña de 5 años escondida detrás del inodoro con un sombrero de detective de plástico y una lupa colgada del cuello.

—Sofía, ¿qué haces aquí?

Abrió mucho los ojos.

—¿Sabes mi nombre?

Claro que lo sabía. Era hija de Elena, una viuda de 30 años que trabajaba en mi casa desde hacía casi un año.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *