PARTE 1
—Mamá, ya es hora de que recuperes tu independencia —me dijo mi hijo Joel, mientras yo secaba el plato en el que él acababa de cenar.
No me miró. Tenía las manos metidas en los bolsillos y hablaba hacia el fregadero, como si fuera más fácil sacar a su madre de la casa cuando uno no le veía la cara. Yo llevaba 12 años viviendo con él y con Lucrecia, su esposa. Llegué “por unos meses”, después de vender mi casita para pagar las deudas que dejó mi marido, Anselmo, al morir. En esos 12 años crié a 2 nietos, preparé desayunos, lavé uniformes, hice comida, fui por medicinas, planché camisas y dormí en un cuartito junto al patio de servicio.
—Lucre necesita ese cuarto para trabajar desde casa —añadió Joel—. Ramiro, Brígida y yo podemos darte una ayuda para que rentes algo cerca.