La “consultora estratégica” de Daniel.
Para cuando él creyó que apenas empezaba a sospechar, yo ya había hablado con nuestro abogado corporativo, con el área de prevención de fraude del banco y con 2 miembros independientes del consejo.
Nunca confronté a Daniel.
No quería sus explicaciones.
Quería pruebas.
Antes del amanecer fotografié la caja fuerte abierta, los documentos desaparecidos y cada cajón que él había tocado.
Después envié todo a la cuenta segura que nuestro abogado había preparado.
A las 5:46 mi teléfono vibró.
Era Daniel.
No una llamada.
Una fotografía.
Estaba en el Aeropuerto Internacional de Monterrey junto a Camila.
Los 2 sonreían.
Y alrededor de la muñeca de ella brillaba el brazalete que Daniel creía perteneciente a mi madre.
Debajo de la fotografía escribió:
“Adiós, inútil. Cuando despiertes, no te quedará nada.”
Me quedé mirando la pantalla.