Al principio respondía.
Después dejé de hacerlo.
Hasta que Amelia enfermó.
Una infección respiratoria la llevó al hospital.
Nada terminal.
Pero quedó débil.
Los médicos recomendaron que durante unas semanas alguien estuviera pendiente de ella.
Llamaron a un sobrino.
No pudo.
Otro dijo que tenía trabajo.
Yo terminé organizando mi horario.
Dormí varias noches en su casa.
Mi esposo estuvo de acuerdo.
Mi hija también ayudaba.
Una tarde mi hermano Raúl apareció sin avisar.
No sé quién le había dicho que yo estaba quedándome allí.
Entró y me encontró preparando sopa.