Mi nuera se rio al regalarme un raspadito de 40 pesos por mi cumpleaños número 73: “A ver si te alcanza para el camión”. Diez meses después, mi propio hijo puso frente a mí el folleto de una residencia y dijo: “Ya elegimos tu habitación”. No discutí. Esa noche llamé a mi abogado. Ellos todavía no sabían qué había escondido desde aquel cumpleaños.

Compré una vivienda pequeña para mí.

Abrí dos fideicomisos educativos para mis nietos.

Y cuando el propietario de la casa donde vivíamos le comentó

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