—Valeria, ¿quieres escuchar o prefieres que cierre el audio?
—Quiero escuchar.
Mi hijo se movió dentro de mí, fuerte, como si también hubiera oído la mentira.
En la cámara, doña Teresa dejó la taza sobre una jardinera de concreto y levantó ambas manos.
—Yo no voy a cargar con esto —dijo.
Adrián dio un paso hacia ella.
—Mamá.
Pero algo en su tono la quebró. O quizá la despertó.
Ella abrió su bolsa y sacó varios sobres doblados, sujetos con una liga. Eran pequeños, blancos, marcados con días de la semana en tinta azul.
—Él me dio esto —les dijo a los policías—. Me dijo que mezclara uno en su té cada mañana.
—Está confundida —dijo Adrián.
Doña Teresa no apartó la mirada.
—Al principio pensé que eran vitaminas.
Al principio.
Esas dos palabras me dolieron más que todo.