Fui a escondidas con otra ginecóloga sin decirle nada a mi esposo. Él no dejaba de repetir que quitarme las llaves, el celular e incluso prohibirm

—¿Qué me hiciste?

Y su respuesta, con un beso en la frente:

—Proteger el embarazo.

En ese momento, afuera de la clínica, Adrián volvió a golpear el cristal.

La enfermera miró la cámara de seguridad.

Doña Teresa estaba junto a él, abrazando la taza de plata contra el pecho. La misma taza. La que esa mañana había insistido en que me tomara antes de salir.

—No quiero que entre —dije.

La doctora Ríos presionó el intercomunicador.

—La señora Valeria revocó su permiso para participar en su atención médica. Por favor aléjese de la entrada.

Adrián sonrió sin alegría.

—Soy su esposo y su médico.

—No puede ser ambas cosas aquí —respondió la doctora.

Entonces mi celular vibró.

Mensaje de Adrián:

Diles que tienes ataques de pánico.

Otro mensaje llegó enseguida:

Si actúas inestable, te van a trasladar y yo tendré que autorizar todo.

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