—Lo sé.
—¿Qué quieres que haga?
Miré nuevamente el borrador que Sebastián había mandado.
—Dale exactamente lo que pidió.
Mariana sonrió.
—¿Exactamente?
—Activos separados. Crecimiento separado. Empresas separadas. Nada de compensaciones. Cada quien conserva lo suyo.
Se quedó mirándome unos segundos.
—Cuando vea tu declaración patrimonial, va a intentar cambiar las condiciones.
—Probablemente.
—¿Y si quiere cancelar el acuerdo?
Cerré la carpeta.
—Entonces será demasiado tarde para fingir que no sé por qué.
Porque en ese momento yo todavía pensaba que el peor problema era el ego de mi prometido.
No imaginaba que aquel documento estaba a punto de mostrarme algo mucho peor.