PARTE 2 / Fragmento completo: Una humilde criada que había pasado años al servicio de una poderosa familia millonaria…

El día del juicio, Clara llegó temprano.

No llevaba un vestido elegante ni un abogado a su lado.

Solo llevaba una carpeta vieja, las fotografías que había conseguido reunir y el pequeño dibujo que Idan le había regalado.

El dibujo estaba doblado cuidadosamente dentro de su bolso.

Cuando entró en la sala, vio a Adam sentado junto a su madre.

Margaret llevaba un traje impecable.

El abogado de la familia tenía varios documentos organizados sobre la mesa.

Clara tragó saliva.

Por un instante volvió a sentirse como aquella mujer que había entrado por primera vez en la mansión años atrás con una pequeña bolsa de ropa y nada más.

Pero entonces recordó las palabras de la joven pasante que había decidido ayudarla.

—No necesitas ser rica para tener razón, Clara. Solo necesitamos demostrarla.

El juez entró.

Todos se pusieron de pie.

Comenzó el procedimiento.

El abogado de los Hamilton fue el primero en hablar.

—Señoría, la acusada tenía acceso prácticamente ilimitado a la residencia y conocía perfectamente dónde se guardaban los objetos de valor.

Clara permaneció en silencio.

—Además —continuó—, la joya desapareció el mismo día en que la señora Clara estuvo sola en el ala privada de la casa.

Margaret bajó la mirada con una expresión de tristeza cuidadosamente preparada.

—Confiábamos en ella —dijo—. La considerábamos parte de nuestra familia.

El abogado hizo una pausa.

—Precisamente por eso resulta especialmente doloroso que haya abusado de nuestra confianza.

Clara apretó las manos.

No podía creer lo fácil que era para ellos convertir años de trabajo en una historia donde ella aparecía como una criminal.

Entonces la joven pasante se levantó.

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