—¿Entonces sí sabía que estaba viva?
—Patricia sabía lo que hacía. Debía parecer muerta durante varias horas. Después ya no importaba.
—¿Y si despertaba?
Ricardo se inclinó hacia él.
—Para eso estaba la tierra.
Don Ernesto tuvo que contenerse para no golpearlo.
—¿Y su amiga?
—Patricia y yo llevamos casi tres años juntos. Ella consiguió lo necesario. Yo hice el resto.
Después dejó sobre la mesa un sobre con dinero.
—Ahora usted se olvida de todo.
Don Ernesto tomó el sobre únicamente para mantener la actuación.
Pero cuando se levantó, Ricardo dijo algo todavía peor.
—Y no intente jugar conmigo, viejo. Si pude deshacerme de mi esposa, también puedo resolver otro problema.
Horas después, aquella grabación estaba en manos de la Fiscalía.
Yo aparecí viva ante los investigadores.
La expresión de los agentes al verme parecía salida de una película.