Se burlaron de su camisa y rompieron su currículum… minutos después, el director general se inclinó ante ella

Nada parecía caro.

Nada llamaba la atención.

Y precisamente por eso había elegido aquella ropa.

El Grupo Altamar ocupaba una torre de cristal en una de las avenidas empresariales más importantes de Madrid. Gestionaba inversiones, asesoraba a grandes patrimonios y tenía oficinas en España, México, Portugal y varios países de América Latina.

Sus empleados hablaban de excelencia.

Sus anuncios hablaban de oportunidades.

Sus directivos repetían que allí solo importaban el talento, la disciplina y los resultados.

Elena estaba a punto de comprobar si todo aquello era verdad.

Había llegado como candidata al puesto de vicepresidenta de estrategia internacional. Su currículum describía veinte años de experiencia en Madrid, Ciudad de México y otras capitales financieras.

Lo que nadie sabía era que aquel proceso no era una entrevista normal.

Diez años atrás, Elena había diseñado el sistema de contratación del Grupo Altamar. Había creado pruebas anónimas, entrevistas con criterios objetivos y controles para evitar favoritismos.

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