Se burlaron de su camisa y rompieron su currículum… minutos después, el director general se inclinó ante ella

La trataron como limpiadora, rompieron su currículum y se burlaron de su ropa… hasta que el director general se inclinó ante ella

—Las aspirantes a puestos directivos no entran por aquí. La puerta de servicio está al fondo.

La recepcionista señaló el pasillo sin levantar del todo la vista. Después observó la camisa blanca de lino de Elena Navarro, sus pantalones color crema y sus zapatos planos.

Sonrió con desprecio.

—Y el personal de limpieza tampoco puede usar los ascensores principales.

Varias personas que esperaban cerca soltaron una risa.

Elena no respondió. Ajustó la bolsa de tela que llevaba al hombro y caminó hacia la puerta indicada.

Tenía cuarenta y dos años. Su cabello oscuro estaba recogido en una coleta baja. No llevaba joyas, salvo unos pequeños pendientes de plata que le había regalado su madre.

Dentro de la bolsa había un cuaderno, un bolígrafo, una tableta y un libro viejo de economía con las esquinas dobladas.

Nada parecía caro.

Nada llamaba la atención.

Y precisamente por eso había elegido aquella ropa.

El Grupo Altamar ocupaba una torre de cristal en una de las avenidas empresariales más importantes de Madrid. Gestionaba inversiones, asesoraba a grandes patrimonios y tenía oficinas en España, México, Portugal y varios países de América Latina.

Sus empleados hablaban de excelencia.

Sus anuncios hablaban de oportunidades.

Sus directivos repetían que allí solo importaban el talento, la disciplina y los resultados.

Elena estaba a punto de comprobar si todo aquello era verdad.

Había llegado como candidata al puesto de vicepresidenta de estrategia internacional. Su currículum describía veinte años de experiencia en Madrid, Ciudad de México y otras capitales financieras.

Lo que nadie sabía era que aquel proceso no era una entrevista normal.

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