Hay objetos que atesoramos con cariño porque nos conectan con quienes amamos. Un vestido antiguo, una joya familiar o una carta olvidada pueden guardar historias que jamás imaginaríamos. Para mí, todo comenzó con una promesa hecha a mi abuela… y con un vestido de novia que tenía más de sesenta años.
La promesa que le hice a mi abuela
Desde muy pequeña fui criada por mi abuela Rosalía. Para mí, ella no era solo un miembro más de la familia: era mi refugio, mi apoyo y el pilar de toda mi vida. Mi madre falleció cuando yo era apenas una niña, y de mi padre siempre escuché la misma versión: se había marchado antes de que yo naciera y nunca había vuelto a dar señales de vida.
Rosalía casi nunca hablaba de él. Evitaba el tema con delicadeza, como si quisiera protegerme de algo que no lograba comprender del todo.