Casi siempre de noche.
Y en muchas de esas fechas yo recordaba perfectamente a Sebastián durmiendo junto a mí.
Me quedé mirando la pantalla.
Entonces comprendí algo peor que la llamada de las 3:17.
Tal vez el hombre muerto no era mi esposo.
Pero eso significaba que durante meses otro hombre había entrado a mi casa mientras yo dormía.
Y alguien le había dado permiso.
Parte 2: Esperé a que Sebastián saliera rumbo a su oficina.
Después revisé cada cajón.