—Pero…
Señalé el chaleco rojo.
—Mira su uniforme. Bruno está trabajando, igual que yo.
El niño me miró.
—¿Trabajando?
—Exactamente. Y tengo un problema.
Me incliné un poco.
—La noche está complicada. Mi copiloto está ocupado con las comunicaciones y necesito un especialista dentro de la cabina de pasajeros.
Mateo dejó de llorar durante un instante.
—¿Qué especialista?
Miré a Bruno.
—Uno que sepa mantener tranquila a la gente cuando el avión se mueve. ¿Bruno se asusta con los ruidos fuertes?
Mateo frunció el ceño.
—No. Es muy valiente.
—¿Y te obedece?
—Siempre.
—Entonces tengo un trabajo para los dos.
Me levanté y extendí la mano.
No para agarrarlo.