Clara había escrito:
“Mateo, no tienes que ser siempre el mayor.”
El niño permaneció mirando los árboles.
—Cuando mamá se fue pensé que tenía que ayudar a papá con todos.
—Tenías 7 años.
—Lo sé ahora.
Después confesó algo.
Algunas antiguas cuidadoras habían sido buenas.
Los hermanos no las odiaban.
Simplemente habían aprendido a expulsarlas antes de encariñarse demasiado.
—Si alguien iba a irse, era mejor saber cuándo.
Elena no intentó corregirlo.
Solo escuchó.
Meses después Julia visitó la casa ya recuperada.
En menos de 1 hora Bruno la había metido en un juego de mesa, Daniel le hacía preguntas sobre el hospital y Leo la obligaba a escuchar el piano.
Mateo preguntó:
—¿Elena siempre ha sido tan mandona?
Julia respondió:
—Desde que nació.
Alejandro se rio desde la cocina.
Casi 1 año después de aquella primera pelota, la casa era irreconocible.