Teresa pensó que Lucía lo estaba manipulando.
El viernes volvió a la casa.
—Estás desmantelando tu vida por una empleada que acabas de conocer.
—No lo hago por Lucía.
—Entonces ¿por quién?
Adrián señaló a Mateo, que dibujaba en la mesa.
—Por mi hijo.
Teresa bajó la voz.
—El cariño no basta para educar.
—Lo sé. Pero la ausencia tampoco.
Lucía, que estaba cerca, intervino con calma.
—Mi contrato termina el domingo. No he pedido quedarme.
Adrián se volvió sorprendido.
—¿El domingo?
—Era un contrato de 2 semanas.
Él lo había olvidado.
Mateo levantó la cabeza.
—¿Te vas?
Lucía guardó silencio.
Teresa aprovechó.
—Ahí lo tienes. Ahora sufrirá otra separación.
Mateo empezó a respirar rápido. Adrián se arrodilló junto a él.
—Lucía no va a desaparecer sin despedirse. Y tú y yo vamos a hablar de todo lo que pase.