Todo había comenzado con una niña de 6 años abrazándose a la cintura de su padre junto a la puerta de casa, reuniendo todo el valor que tenía para susurrarle:
—Papá, no te vayas hoy.
Y todo cambió en el instante en que él decidió escucharla.
Todo había comenzado con una niña de 6 años abrazándose a la cintura de su padre junto a la puerta de casa, reuniendo todo el valor que tenía para susurrarle:
—Papá, no te vayas hoy.
Y todo cambió en el instante en que él decidió escucharla.