Pulse el botón de llamar antes de poder convencerme de no hacerlo.
Contesta al segundo timbrazo. “¿Loretta? ¿Eres tú de verdad?”
Mi voz suena más débil de lo que quisiera, temblorosa e insegura. “Marcus. Necesito ayuda.”
La calidez en su voz se transforma instantáneamente en preocupación profesional, aguda y concentrada. “¿Qué pasó? ¿Estás herido?”
No le cuento todo. Todavía no. Solo lo esencial. La bofetada. El tabaquismo. Los seis meses de explotación financiera que fueron aumentando poco a poco. El hecho de que me hayan estado quitando cuatrocientos dólares cada mes de mi cheque de discapacidad de mil cien dólares para “gastos del hogar”, además de cargos adicionales por servicios públicos y comestibles que misteriosamente siempre suman más de lo que parece posible.