Bebió agua de una botella rellenada.
Y se levantó.
Me escondí antes de que pudiera verme.
La seguí hasta una tiendita frente a la escuela. Mariana se quedó mirando los tacos de canasta durante unos segundos, metió la mano en el bolsillo, contó unas monedas y se fue sin comprar nada.
Yo había mandado treinta y dos mil pesos cuatro días antes.
Entré directamente a la oficina de orientación.
—Soy el papá de Mariana Mendoza.
La orientadora, la profesora Ortega, abrió mucho los ojos.
—¿Usted es Javier?
Algo en su tono me incomodó.
Sacó el expediente de Mariana.
Mi nombre aparecía como padre y tutor.
Pero el teléfono registrado no era el mío.
Tenía tres números cambiados.
Luego revisó otros documentos y frunció el ceño.
—Señor Mendoza… Mariana lleva años recibiendo apoyo por situación económica vulnerable.
Sentí que no había entendido.