Hubo otro silencio.
—Precisamente por eso quiero verte.
Colgó poco después.
Me senté junto a Bruno.
—Se acerca un problema.
Bruno apoyó la cabeza sobre mi rodilla.
Cerca del mediodía escuché un automóvil detenerse.
Luego otro.
Dos puertas.
Varias voces.
Fruncí el ceño.
No venía solo Lucía.
La puerta se abrió.
Mi hija entró primero.