—Necesito pensar.
—¿En nuestro matrimonio?
—En mi vida.
Cerró la maleta.
En la puerta pregunté:
—¿Me estás dejando?
Laura tardó demasiado en responder.
—No sé.
—Eso no es una respuesta.
—Es la única que tengo.
Luego dijo:
—Necesito saber cómo sería mi vida si tú no puedes arreglar esto rápidamente.
Escuché una sola cosa:
Si dejas de ganar suficiente dinero, quizá ya no te quiera.
Cuatro días después entendería que había algo más.
Laura salió.
Los tacos se quedaron en la mesa.
A medianoche me comí el pastel de pistache directamente del recipiente.
Y mientras lo hacía tuve que reconocer algo que no me gustaba.
Laura tenía razón en una cosa.
A mí me encantaba ser necesario.
UNA CASA LLENA DE COSAS QUE ELLA NO SABÍA
El viernes por la mañana casi tomé las llaves del coche a la hora de siempre.