MI ESPOSA ME DEJÓ LA NOCHE QUE PERDÍ EL TRABAJO… CUATRO DÍAS DESPUÉS ENCONTRÓ LA CARPETA QUE LLEVABA MÁS DE UN AÑO OCULTÁNDOLE

—Voy a casa de Natalia.

Natalia era su hermana.

—¿Esta noche?

—No sé cuánto tiempo.

Sentí un vacío en el estómago.

—Laura, llevamos diez minutos hablando.

—Precisamente.

—¿Precisamente qué?

—Todo lo que dices es “yo lo arreglo”.

—Porque vamos a resolverlo.

—Siempre dices eso.

—¿Y cuál es el problema?

Dejó una blusa sobre la cama.

—Tú manejas las cuentas.

—Sí.

—Los seguros.

—Sí.

—Los impuestos.

—También.

—Las inversiones, las reparaciones, las reservaciones, las renovaciones, las contraseñas…

—Porque nunca te ha interesado hacerlo.

Se quedó quieta.

—¿Estás seguro?

No respondí.

Laura continuó:

—Durante años me dijiste que no necesitaba preocuparme por nada.

—Pensé que eso era cuidarte.

—Yo también.

—¿Entonces?

Cerró los ojos.

—Hasta que el hombre que se encargaba de que nada pudiera salir mal llegó a casa y me dijo que algo salió mal.

Aquello me golpeó.

—¿De verdad piensas irte porque llevo unas horas desempleado?

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