Y dieciocho horas antes mi esposa había cerrado la puerta detrás de ella después de decirme:
—No puedo seguir construyendo mi vida alrededor de alguien que de repente ya no sabe qué va a pasar mañana.
No gritó.
Eso habría sido más fácil.
Lo dijo con una tranquilidad que me dolió mucho más.
Me llamo Daniel Salgado.
Tenía cuarenta y dos años y llevaba casi quince construyendo una carrera basada en una idea bastante sencilla:
Si trabajas suficiente, ahorras suficiente y planeas suficiente, puedes impedir que las cosas importantes se derrumben.
Estaba equivocado.
EL JUEVES
La reunión apareció en mi calendario a las 8:53 de la mañana.
ASISTENCIA OBLIGATORIA.
PRESENCIAL.
SALA PRINCIPAL.
Nada más.
Trabajaba para Nexora Systems, una empresa de servicios tecnológicos que había abierto su oficina de Querétaro once años antes.
Yo entré cuando todavía ocupábamos medio piso.