Don Eusebio entendió algo antes que muchas personas: si Sergio creía que Mariana estaba muerta, todavía tenía ventaja. Si descubría que ella había sobrevivido, tendría tiempo para cambiar su estrategia.
Por eso Mariana esperó.
No porque tuviera miedo.
Porque necesitaba saber qué más había preparado.
Entonces recordó la memoria USB.
Antes del viaje, había guardado dentro de un compartimento secreto de la caja fuerte de Nexo fotografías de la póliza, documentos financieros y capturas de mensajes entre Sergio y Paulina.Era una pequeña pieza de seguridad que había creado por costumbre profesional.
Nunca imaginó que sería la diferencia entre quedar atrapada en la historia de Sergio o recuperar el control.
Una semana después llegó otra noticia preocupante.
Sergio ya había comenzado el trámite del seguro.
Además, utilizando los poderes corporativos que Mariana había firmado años atrás, había tomado control de Nexo.
La mujer que él creía desaparecida estaba viendo cómo intentaba quedarse con todo lo que ella había ayudado a construir.
Necesitaba saber qué estaba diciendo mientras ella permanecía oculta.
Fue entonces cuando don Eusebio le entregó su teléfono.
La primera publicación parecía perfecta para cualquiera que no conociera la verdad.
Sergio aparecía como un esposo destruido. Escribía que seguiría buscando respuestas y que nunca dejaría de esperar el regreso de Mariana.
Pero después apareció una segunda imagen.
La fotografía había sido tomada en un restaurante de Guadalajara.
Sergio estaba sentado frente a Paulina.
Los dos brindaban.
La escena tenía un detalle que para Mariana resultó más fuerte que cualquier confesión: no había pasado ni una semana y media desde el intento de asesinato.