Parte 2: La verdad bajo la cicatriz

Las lágrimas comenzaron a correr por las mejillas del hombre frío e inaccesible que todos temían.

—Crecí atrapado en una jaula de oro, Elena. Y cuando ese hombre murió y por fin fui libre de buscarte… ocurrió el accidente de auto. Quedé atrapado en esta silla. Pensé que volver a tu vida siendo un estorbo solo sería una carga para ti. Pero no dejé de buscarte. Sabía que estabas pasando hambre, sabía lo de mis sobrinos… La administradora no te contrató por casualidad. Yo pedí que te trajeran a ti.

Me llevé las manos a la boca mientras las piezas del rompecabezas encajaban de golpe. El sueldo excepcional, la urgencia del trabajo, la oportunidad que parecía un milagro en medio de mi peor pesadilla.

Sin pensarlo dos veces, me abracé a su cuello, llorando sobre su hombro como no lo hacía desde que era una niña. Sentí su brazo rodearme con la fuerza que le quedaba, apretándome contra su pecho.

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