La cámara del pasillo.
La escalera.
La mansión.
Genevieve dejó de respirar.
Porque allí estaba.
Ella.
Caminando detrás de Sophia.
Ella.
Acercándose.
Ella.
Extendiendo las manos.
El silencio del pasillo se volvió insoportable.
—No… —susurró Genevieve.
—La cámara estaba conectada al sistema privado de seguridad —dijo Julian.
Su voz ya no tenía emoción.
—Ese sistema que instalé hace cinco años.
El mismo sistema que mi madre insistió en que era “una exageración”.
Genevieve retrocedió.
—Julian, puedo explicarlo.
—No.
Él negó lentamente.
—Puedes intentar justificarlo.
—Pero no puedes cambiar lo que hiciste.
Durante años todos habían pensado que Julian era un heredero inútil.
Un hijo que vivía del dinero de su familia.
Un hombre que simplemente aceptaba las decisiones de su madre.
Pero la verdad era otra.
Julian había trabajado en secreto.
Mientras Genevieve controlaba las reuniones familiares y presumía que su hijo dependía de ella, él había construido su propio grupo de inversión.