—Elena…
—No importa.
Y realmente dejó de importarme.
El divorcio tardó meses.
No fue amistoso al principio.
Andrés discutió algunas cuestiones económicas.
Los abogados trabajaron.
Con el tiempo él aceptó.
Gabriela desapareció de su vida.
Nunca la conocí.
No la culpé de destruir mi matrimonio.
Ella no había pronunciado votos conmigo.
Andrés sí.
Nuestra relación como expareja fue difícil durante los primeros años.
Pero teníamos hijos.
Y también existía una realidad extraña que jamás desaparecería.
Una parte de mi cuerpo estaba dentro de él.
La primera vez que tuvimos que asistir juntos a la graduación de nuestra nieta, se acercó.
—El riñón funciona perfectamente.
Lo miré.
—Me alegro.
—¿De verdad?
—Andrés, si quisiera que te hubiera ido mal, no te lo habría dado.
Se quedó callado.
Después sonrió.
—Supongo que eso tiene sentido.