Luto en el patinaje artístico: dos jóvenes promesas parten.

En las próximas competencias, seguramente habrá homenajes especiales. Tal vez se escuchen las canciones que solían interpretar. Tal vez se proyecten imágenes de sus mejores momentos. Y aunque el dolor siga presente, también habrá aplausos cargados de gratitud. Porque si algo dejaron claro es que el talento no se mide solo en medallas, sino en la huella que se deja en los demás.

Algunos entrenadores han dicho que la mejor manera de honrarlos será continuar. Seguir entrenando, seguir compitiendo, seguir soñando. Porque el deporte, a pesar de las pérdidas, no se detiene. Se transforma, se fortalece y encuentra en el recuerdo una fuente de inspiración.

Quizá dentro de algunos años, cuando se hable de esta generación de patinadores, sus nombres sigan apareciendo como símbolo de pasión y entrega. No por la tragedia, sino por lo que representaron mientras estuvieron aquí. Por esa determinación que contagiaba. Por esa capacidad de convertir el esfuerzo en belleza.

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