Luto en el patinaje artístico: dos jóvenes promesas parten.

Quizá dentro de algunos años, cuando se hable de esta generación de patinadores, sus nombres sigan apareciendo como símbolo de pasión y entrega. No por la tragedia, sino por lo que representaron mientras estuvieron aquí. Por esa determinación que contagiaba. Por esa capacidad de convertir el esfuerzo en belleza.

Hoy el hielo está más silencioso. Pero también está lleno de memoria. Cada giro, cada salto que otros jóvenes ejecuten, llevará un poco de su espíritu. Porque quienes aman de verdad lo que hacen nunca desaparecen del todo. Permanecen en cada rincón donde alguna vez soñaron.

Descanse en paz el talento, descansen en paz los sueños que parecían infinitos. Y que el legado de estas dos jóvenes promesas siga inspirando a quienes, con patines en los pies y esperanza en el corazón, se atreven a deslizarse sobre el hielo persiguiendo su propio sueño.

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