A las 2:00 de la madrugada, mi esposo creyó que yo dormía mientras vaciaba nuestra caja fuerte para huir con su amante. Antes de irse, me besó y susurró: “Pobre Audrey. Nunca viste venir esto.” Horas después me envió una foto desde el aeropuerto, convencido de que me había dejado sin nada. Le respondí con 4 palabras que hicieron que me llamara de inmediato.

Parte 2: Contesté mientras preparaba café.

Daniel ya estaba gritando.

Horario y calendarios

—¿Qué hiciste?

Miré por la ventana mientras el cielo comenzaba a aclararse sobre Monterrey.

—Buenos días, Daniel.

—No juegues conmigo. Las transferencias están rechazadas. Mis tarjetas no funcionan. La tarjeta de Camila tampoco. ¿Qué hiciste?

—¿Te refieres a las tarjetas corporativas que utilizaste para pagar hoteles, vuelos y regalos personales?

Hubo silencio.

Después cambió de tono.

Servicios y productos de seguridad

—Valeria, amor, estás confundida.

Casi me reí.

—Encontré 12 autorizaciones cuestionables, 3 intentos de transferencia por más de $11 millones de pesos, $1.2 millones en gastos personales y pagos por otros $3.6 millones a una consultora cuya principal actividad parece ser  viajar contigo.

Daniel dejó de hablar.

Escuché a Camila murmurar algo.

—No entiendes cómo funciona la empresa —dijo finalmente.

Ahí sí sonreí.

Familia y relaciones

Mi empresa.

Mi madre me había dejado el 68% de Grupo Santillán mediante un fideicomiso familiar protegido.

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