El heredero de la infamia

Y adjunto a los recibos, una orden médica confidencial para un procedimiento de fertilización in vitro con donación de gametos masculinos.

Mi corazón dio un vuelo violento contra las costillas.

Leí el documento tres veces, asegurándome de que mis ojos no me engañaban en la penumbra. «Muestra seminal de donante anónimo con código genético B-409, seleccionado por compatibilidad fenotípica».

Sebastián no era el padre biológico de ese niño.

O, al menos, las fechas de los ciclos de estimulación ovárica y transferencia embrionaria no coincidían en lo absoluto con los períodos en que Sebastián y Camila habían compartido viajes de trabajo a Guadalajara.

Un temblor de adrenalina pura me recorrió la espina dorsal.

Tomé mi teléfono móvil y fotografié cada página con iluminación angular para evitar reflejos.

Copia tras copia.

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