El heredero de la infamia

El aire se me escapó de los pulmones como si me hubieran asestado un puñetazo en el esternón.

Todo estaba meticulosamente orquestado.

Sebastián no solo me estaba engañando en el terreno conyugal; Estaba planeando un golpe de estado corporativo para despojarme del control operativo de la compañía.

Si el niño nacía y era reconocido legalmente antes de la oferta pública de venta en bolsa, las cláusulas de protección patrimonial se activarían automáticamente.

Yo quedaría reducido a una socia minoritaria sin derecho a veto, obligado a presenciar cómo la amante de mi marido y su vástago se apoderaban del trabajo de toda mi vida.

Pero debajo de los documentos fiduciarios había algo todavía más perturbador.

Una serie de recibos de pago emitidos por una clínica de reproducción asistida en Guadalajara, a nombre de Camila Estrada.

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