PARTE 2: EL SECRETO QUE JOAQUIM OCULTABA A TODOS

Joaquim Lacerda no era un hombre que tomara decisiones por compasión, ni tampoco alguien que gastara su dinero para demostrar algo delante de los demás. Sin embargo, en aquel momento estaba convencido de que había tomado la decisión correcta, aunque nadie comprendiera sus motivos.

Se acercó a la plataforma de madera, sacó siete centavos del bolsillo de su chaqueta y se los entregó al subastador.

El hombre corpulento intentó contener la risa.

—¿Está seguro, Joaquim? Esta mujer ha causado problemas a cuatro hacendados antes que usted. Uno tuvo que pagar la reparación de un almacén entero después de que ella lo destruyera, y otro asegura que atacó al capataz cuando intentó golpearla.

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