Cuando mi mejor amigo me dijo que quería casarse con mi hermana, pensé que se trataba de una broma de muy mal gusto. Daniel y yo nos conocíamos desde la escuela. Habíamos crecido en el mismo vecindario, jugado en el mismo equipo de fútbol y compartido secretos que ni siquiera nuestras familias conocían. Él había estado conmigo en los peores momentos de mi vida, pero aquella tarde, sentado frente a mí en la cafetería donde solíamos reunirnos, parecía un desconocido. Me miró directamente a los ojos y dijo que amaba a Elena, mi hermana menor, una mujer de treinta años con síndrome de Down. No me pidió permiso para quererla, pero sí me dijo que deseaba contar con mi apoyo antes de pedirle matrimonio.
El secreto detrás del matrimonio entre mi mejor amigo y mi hermana con síndrome de Down