—Ernesto…
Él colocó el teléfono sobre la mesa.
Y reprodujo una sola frase:
—Por fin te vas a morir…
Valeria perdió el color.
—Puedo explicarlo.
—Explícaselo a quienes están investigándolo.
Iván intentó desaparecer cuando supo que Ernesto seguía vivo, pero la documentación financiera ya había sido preservada.
El resto quedó en manos de las autoridades y de los procesos correspondientes.
Ernesto no entregó su fortuna a Mateo.
Hizo algo más sensato.
Creó, con asesoramiento profesional, una estructura independiente destinada a proteger la fábrica, a sus trabajadores y a financiar atención médica para familias que no podían pagarla.
Mateo rechazó cualquier regalo personal.
Ernesto sí ayudó legalmente con el tratamiento de Ximena a través del nuevo programa.
Meses después, cuando pudo caminar nuevamente por la fábrica, los empleados lo recibieron en silencio antes de empezar a aplaudir.
Ernesto buscó a Alicia.
Su hermana estaba al fondo.
Habían pasado cuatro años separados por las mentiras de Valeria.
—Perdóname —dijo él.
Alicia lo abrazó.
—Tardaste bastante.
Ernesto rio por primera vez en meses.