Después se giró hacia ella.
—De verdad no sabes quién soy, ¿verdad?
Blaire negó lentamente con la cabeza.
—Soy Luca Sterling.
El nombre cayó sobre ella como un trueno.
Todo el país conocía a la familia Sterling.
Conglomerados tecnológicos.
Banca digital.
Inmuebles comerciales.
Hospitales privados.
Luca Sterling era uno de los hombres más ricos, influyentes y reservados del mundo empresarial estadounidense.
—¿Tú eres… ese Luca Sterling?
Él asintió con una sonrisa cansada.
—Y tú eres la primera persona en meses que me ha tratado como a un pasajero normal.
Antes de que Blaire pudiera responder, el teléfono de Luca vibró.
Leyó el mensaje.
Su rostro cambió al instante.
Toda la calma desapareció.
—¿Qué pasa? —preguntó Blaire.
Luca levantó lentamente la mirada y habló con una seriedad que la dejó helada.
—Blaire… alguien estaba preguntando por ti en el aeropuerto antes incluso de que aterrizáramos.
Y, por primera vez desde que había subido a aquel avión, Blaire sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies.
PARTE 2
El corazón de Blaire latía desbocado mientras el avión avanzaba hacia la puerta de embarque.
—¿Qué quieres decir con que alguien preguntaba por mí?
Luca le mostró la pantalla del teléfono.
Su equipo privado de seguridad en LaGuardia había detectado a un hombre de mediana edad esperando cerca de la zona de llegadas con una fotografía impresa de Blaire y Fiona.
Era David Vance.
Y junto a David había dos investigadores privados.
—Hace tres horas presentó en Illinois una solicitud de custodia de emergencia —explicó Luca mientras leía el informe de su jefe de seguridad—. Ha declarado que secuestraste a tu hija y huiste cruzando las fronteras estatales.
Las manos de Blaire comenzaron a temblar violentamente.