Amplió el documento.
El comprador aparecía como una sociedad.
Pero debajo había un nombre.
**Mauricio Márquez, administrador.**
Daniela sintió que todo encajaba.
Su hermano había creado una empresa.
Había convencido a sus padres de firmar.
Había comprado la casa por medio de esa empresa.
Y después…
la había vendido.
—¿A quién?
Su padre señaló la camioneta negra estacionada al otro lado de la plaza.
—A ellos.
Daniela miró.
Un hombre estaba sentado dentro.
La observaba.
Su teléfono sonó.
Número desconocido.
Contestó.
—¿Bueno?
Una voz masculina respondió:
—Señorita Márquez, si quiere recuperar lo que le pertenece a su familia, no vaya a casa de Mauricio.
Daniela miró a sus padres.
—¿Quién habla?
—Alguien que trabajó para él.
—¿Qué sabe?
—Sé que la casa no era lo único que vendió.
Daniela sintió un vacío en el estómago.