“Mamá está en urgencias y necesita 2.650.000 pesos para operarse hoy”, me dijo mi hermano. Corrí al hospital creyendo que podía perderla, pero una enfermera me agarró antes de entrar y susurró: “Escóndete aquí y no hagas ruido”. Saqué mi teléfono y empecé a grabar. Entonces escuché a mi madre preguntar cuánto dinero le tocaría… y supe que todavía no había oído lo peor.

Entró con una tarjeta bancaria y su chequera en la mano.

—¿Cuánto falta?

Diego se interpuso.

—Papá, no.

—Es mi esposa.

—Mariana ya firmó.

—Me importa un demonio quién firmó. Si necesitan más dinero, lo pongo yo.

Diego perdió el color.

Porque Arturo todavía no sabía que los 900,000 pesos que había transferido esa mañana jamás habían llegado al hospital.

Mariana observó a su hermano.

Luego miró el sobre sellado que el doctor Vega acababa de entregarle.

Dentro estaban el reporte interno, las notas originales y el historial de modificaciones del expediente.

Diego señaló a Mariana.

—Dales la tarjeta. Mamá puede morir por tu culpa.

Todo el pasillo quedó en silencio.

Mariana levantó el sobre.

—No.

Diego parpadeó.

—¿Qué dijiste?

Mariana sacó lentamente su teléfono.

—Dije que nadie va a pagar una operación hoy.

Y puso el dedo sobre “Reproducir”.

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